Anabel Lasheras Meavilla, que forma parte del patronato de las fundaciones Mujeres Felices y Castillo de Loarre, desarrolla la RSC del Grupo Mémora en Aragón.

Profesora de educación especial, realiza desde 1992 una intensa actividad en la puesta en valor del medio rural. Senadora por Huesca y Portavoz de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales en la VII Legislatura, dirigió la asociación AFAMMER en Aragón durante 15 años. De 2008 a 2011 fue Directora General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad, en el Gobierno de Aragón. En 2012 puso en marcha la Fundación Paraíso. Es una gran defensora de los derechos de la mujer. Ha presidido desde 2005 a 2015 la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre. Ha sido también Consejera General de IberCaja en representación de la Comunidad Autónoma de Aragón.

12 abr. 2011

Con las aguas del Ebro no se juega


Transcribo un artículo de Juan José Morales, que me parece muy interesante. Aparece en la publicación Aragón Universidad en su página 2:

Lo del agua ha sido y sigue siendo fuente de conflictos en nuestro país. Conflictos no sólo desde un punto de vista jurídico sino, también, y sobre todo, políticos. Aquí, cada uno tira por su lado defendiendo sus intereses.
En esto, nos falta visión de Estado -verá el lector que "Estado" lo pongo con mayúscula-.

Hace ocho años con la victoria del PSOE, fue suspendido el famoso Plan Hidrológico Nacional (PHN). Y, ahora, en plena precampaña electoral, el Tribunal Constitucional, y algunas declaraciones de políticos interesados, como las del presidente de la Comunitat Valenciana, vuelven a sacar a la palestra el controvertido tema del trasvase del Ebro.

Lo del TC tiene su propia lógica procedimental, no hay nada que objetar. Algunas Comunidades, como Andalucia, pretendieron blindar unos derechos del agua que corresponden al Estado, y por eso el TC ha desmontado el "blindaje" con argumentos jurídicos. Otra cosa es, y bien diferente, el debate político. Aquí, la descalificación del contrario está a la orden del dia, y además se hace, en algunos casos, con bastante caradura.

Es normal que se pretenda aprovechar el posible rendimiento electoral de un tema tan apetitoso, pero todo no vale, o no debería valer. Es lógico que cada uno amine el ascua a su sardina pero el argumento de "yo soy mejor que tú" o "tengo más derecho que tú", se basa en una legitimidad que no tiene consistencia legal. Tiene que basarse en el derecho, y no en la incontinencia verbal.

Las aguas del Ebro, han sido, son y, desgraciadamente, serán objeto de un deseo insaciable por parte de mucha gente. Y este conflicto histórico, que tiene su propia dinámica, se añade desde la intentona del PHN, la codicia de Comunidades situadas incluso fuera de la cuenca, y a un montón de kilómetros del Valle del Ebro.

Y si era, y es, discutible un trasvase de aguas para aliviar las necesidades de más regadío en las zonas situadas más al sur -aunque Aragón ve pasar las aguas del Ebro sin poder regar- la demanda de aguas para Valencia, Murcia y Almería -incluidos sus campos de golf y urbanizaciones descomunales- es sencillamente una monstruosidad.

Por defender el caudal ecológico del Ebro se nos ha ofendido en numerosas ocasiones, pero los aragoneses lo tenemos muy claro. Resucitar de nuevo la polémica del trasvase tendrá ventajas electorales en otras latitudes, no lo dudo, pero aquí tenemos muy claro que con las aguas del Ebro no se juega.
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