Anabel Lasheras Meavilla, que forma parte del patronato de las fundaciones Mujeres Felices y Castillo de Loarre, desarrolla la RSC del Grupo Mémora en Aragón.

Profesora de educación especial, realiza desde 1992 una intensa actividad en la puesta en valor del medio rural. Senadora por Huesca y Portavoz de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales en la VII Legislatura, dirigió la asociación AFAMMER en Aragón durante 15 años. De 2008 a 2011 fue Directora General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad, en el Gobierno de Aragón. En 2012 puso en marcha la Fundación Paraíso. Es una gran defensora de los derechos de la mujer. Ha presidido desde 2005 a 2015 la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre. Ha sido también Consejera General de IberCaja en representación de la Comunidad Autónoma de Aragón.

25 abr. 2011

Aragón y el estado autonómico

El cambio que se ha dado en España y especialmente en Aragón, en lo que se refiere a su articulación territorial y de progreso, es verdaderamente impresionante. Nuestros padres, y los que recuerdan tiempos pasados, en los que había una uniformidad cultural que se decía española, son quienes mejor pueden testimoniar el alcance y la profundidad de esta transformación.
Y estos cambios, que nacen con la constitución española, son un acierto que nadie discute. La realidad es la que es y es además, muy compleja.
Uno de estos aciertos es el Estado autonómico, que ha facilitado y propiciado un más alto grado de participación política y de libertad, mayor acercamiento y proximidad de la cosa pública al ciudadano. Esto es lo que interesa del proceso autonómico, lo que significa como plataforma para despertar las capacidades creativas de todos, desde su propio genio, desde su propia condición e identidad libremente asumida.
Cuando el presidente y los dirigentes del Partido Aragonés dicen que sin el PAR, Aragón no sería lo que es, dicen la verdad, pues con el bipartidismo y los partidos nacionales no se atiende igual a las comunidades. Los grandes proyectos que han surgido y por los que hemos trabajado, lo demuestran. Las promesas y los proyectos sin hacer, nacen y mueren fuera, y nada nos dejan. El futuro de Aragón, si no nos lo impiden, es increíble e inimaginable.
Cuando hablamos de identidad aragonesa no hablamos de monopolios culturales o boinas superpuestas, hablamos de factores claves para el desarrollo de un mundo cada vez más globalizado, más comunicado, desde donde podremos con un gran respeto a la diferencia aportar lo que de verdad nos interesa para crecer en Aragón.
Si nosotros no nos preocupamos por nuestra tierra, lo hemos comprobado durante siglos, nadie desde Madrid o desde Barcelona lo van a hacer.  Mientras tantos y tantas en la política actual sigan luchando por el bipartidismo atroz que nos aprisiona, más estarán luchando contra los intereses que hoy en Aragón dicen defender.
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