Anabel Lasheras Meavilla, que forma parte del patronato de las fundaciones Mujeres Felices y Castillo de Loarre, desarrolla la RSC del Grupo Mémora en Aragón.

Profesora de educación especial, realiza desde 1992 una intensa actividad en la puesta en valor del medio rural. Senadora por Huesca y Portavoz de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales en la VII Legislatura, dirigió la asociación AFAMMER en Aragón durante 15 años. De 2008 a 2011 fue Directora General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad, en el Gobierno de Aragón. En 2012 puso en marcha la Fundación Paraíso. Es una gran defensora de los derechos de la mujer. Ha presidido desde 2005 a 2015 la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre. Ha sido también Consejera General de IberCaja en representación de la Comunidad Autónoma de Aragón.

25 feb. 2011

A modo de respuesta para Josi


Por el comentario de hace unos días de Josi y las preguntas de otros, respondo con esta entrada mi postura respecto a la presencia de oso en el Pirineo. Pienso que los datos objetivos (ataques, indicios encontrados por las patrullas) avalan sobradamente la presencia de osos en el Pirineo aragonés, con distinto grado de intensidad, y por eso se estableció el distingo entre divagantes (en la mayor parte de las zonas con presencia de osos) y permanentes (solo en Ansó durante 2009 y parte de 2010). La segura muerte de Camille en el invierno–primavera de 2010, y la permanencia desde el verano (incluida la hibernación) de una osa en la Alta Ribagorza son también datos objetivos, que mantienen el reparto en zonas de presencia ocasional y regular aunque, probablemente, con cambios en la ubicación geográfica.

La iniciativa de compensar a los ganaderos con subvenciones motivadas por la presencia del oso tiene su objetivo en el fomento de unos usos ganaderos que compatibilicen esta actividad en franco declive con la presencia de la especie. Por esto, y con independencia de valoraciones de otro tipo, las ayudas del módulo osero van ligadas a explotaciones que realizan determinadas labores de vigilancia y cuidado de rebaños a las que no estarían necesariamente obligados en caso de no tener los riesgos asociados a la presencia del oso.

Efectivamente no se puede evitar que haya ganaderos radicales (los menos) que de manera poco honesta sigan disfrutando de las ayudas por presencia de osos, al tiempo que se expresan abiertamente contra el recurso natural que les permite disfrutar de estas compensaciones. Pero no por estas voces críticas debe penalizarse a la mayoría del sector.. Además, las medidas de compensación se han planteado como una adaptación a una situación cambiante que, a resultas del proyecto de reintroducción francés, probablemente evolucione hacia una mayor presencia de la especie en determinados sectores del Pirineo. En este futuro escenario, no parece razonable hacer que la conservación de una especie amenazada sea asumida por las arcas de las explotaciones ganaderas, bastante maltrechas en general.

Los esfuerzos por conservar al oso en el territorio pirenaico no solo deben ser abordados por la DGA, sino por la sociedad aragonesa en general, incluidas las administraciones locales y, por supuesto, otros de Departamentos del Gobierno aragonés. Es evidente que desde el Departamento de Medio Ambiente deben ejecutarse acciones en el ámbito de sus competencias, y de ahí las patrullas de vigilancia, la compensación de daños, etc. (además, nos obliga a ello la legislación), pero no deja de ser cierto que estas medidas chocan muy frecuentemente con la inacción, cuando no la oposición, de determinados sectores de la sociedad (incluidos sectores de la administración) a los que hay que seguir sensibilizando, incluso desde la presión de la propia sociedad civil, parte de la cual reconoce ya al oso como un bien patrimonial.

Efectivamente la legislación obliga a la redacción de un plan de recuperación para el oso pardo igual que para el resto de las especies catalogadas como en peligro de extinción. Sin embargo, aunque este plan no esté promulgado con rango de Decreto, buena parte de las actuaciones que debe contener se ejecutan ya desde el Departamento de Medio Ambiente. Es cierto que, desde el punto de vista meramente biológico, la única manera de salvaguardar la población de osos del Pirineo es el reforzamiento de la población, medida que debería incluirse en el Plan de Recuperación. Sin embargo, las directrices internacionales sobre reforzamientos poblacionales y el propio sentido común aconsejan que los programas de reforzamiento poblacional o de reintroducción se basen no solo en la adecuación de la medida desde el punto de vista ecológico, sino también en la aceptación social de la misma, especialmente en el caso de especies cuya ecología y conservación puede entrar en conflicto con los intereses humanos.

En esto último se encuadra nuestra queja en relación a la actuación del Gobierno francés, y no tanto de la actual sino de las pasadas. Como bien sabrás tanto el proyecto experimental de suelta de 1996-97 como el de 2006 fueron desarrollados de manera unilateral por Francia, con solo la comunicación al Estado español, que tuvo que ir a remolque de la iniciativa francesa. Probablemente se podría haber avanzado más si el proyecto de reforzamiento poblacional se hubiese planteado desde un principio desde una perspectiva pirenaica y no solo francesa. Seguramente hubiese costado algo más de tiempo iniciarlo, pero su recorrido hubiese sido mucho más coherente de haber contado con un mayor consenso social.

Es cierto que en el Valle de Aran hay ya muchos osos y, ahora no hay demasiados problemas ni con ganaderos ni con turistas, pero también recordarás que eso no siempre ha sido así, y que la Generalitat ha tenido que lidiar con una oposición social igual o incluso más virulenta que la que puede apreciarse ahora en Aragón. Solo la evidencia de las ventajas (o al menos de la inocuidad) de la presencia de osos en territorio aranés ha calmado los ánimos aunque nos consta que es equilibrio es algo inestable a veces.

Por último, no quisiera perder la oportunidad de comentar tu propuesta de solicitar la cesión de animales a Asturias. Esta petición ya se ha formulado por parte del Estado francés, y la respuesta ha sido negativa, al menos por el momento. El oso en la cordillera cantábrica es un símbolo que cuidan con mimo, y es lógico pensar que vean cualquier cesión como un riesgo para su población especialmente si la recepción de esos animales en el lugar de destino puede estar sujeta a controversias que “manchen” la imagen del oso cantábrico o que incluso puedan poner en riesgo la supervivencia de los ejemplares.

Bookmark and Share

Archivo

Seguirme por email