Anabel Lasheras Meavilla, que forma parte del patronato de las fundaciones Mujeres Felices y Castillo de Loarre, desarrolla la RSC del Grupo Mémora en Aragón.

Profesora de educación especial, realiza desde 1992 una intensa actividad en la puesta en valor del medio rural. Senadora por Huesca y Portavoz de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales en la VII Legislatura, dirigió la asociación AFAMMER en Aragón durante 15 años. De 2008 a 2011 fue Directora General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad, en el Gobierno de Aragón. En 2012 puso en marcha la Fundación Paraíso. Es una gran defensora de los derechos de la mujer. Ha presidido desde 2005 a 2015 la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre. Ha sido también Consejera General de IberCaja en representación de la Comunidad Autónoma de Aragón.

14 sept. 2010

Unas vacaciones provechosas

Mi sobrino Fernando, de Don Benito que estudia  tercero de humanidades en Pamplona, ha estado este verano en Etiopía, a donde llegó con un grupo de Acción Católica de Madrid, del 1 al 23 de agosto.

Las fotos son ilustrativas de la alegría, a lo que ayudarían, pienso yo, las monjas que son de la orden de Teresa de Calcuta. Los dos cuadros los pintó él con alguna pintura acrílica que se encontró, pues además de estar terminando piano, se dedica a la pintura.


Según me cuenta, "La casa se llamaba "Bale-goba", en Goba (http://www.wikipedia.org/wiki/Goba) a 13 horas en coche de la capital, Adis.  Era una casa de deficientes mentales en su mayoría, aunque había de todo... propablemente cada uno tuviera una enfermedad distinta.  Había ciegos, sordos, autistas, esquizofrénicos, gente sin movilidad, sindrome de down... la mayoría abandonados en la puerta de la casa.

"Había unos 300 enfermos, divididos en dos secciones, la femenina y la masculina. Y todos ellos eran atendidos por 4 hermanas, algunos contratados y madres (supongo que también enfermas, o abandonadas) que vivían con sus hijos y ayudaban en diferentes funciones en la casa.

"30 de los niños con daño cerebral recibían terapia, realizando el método Padovan, que nos habían enseñado y explicado en una convivencia previa al voluntariado. La terapia la había comenzado allí una fisioterapeuta de acción católica, y ahora estaba en manos de unos "fisioterapeutas" contratados por las monjas, a los que había que vigilar, porque no lo hacían bien.

"Por la mañana estabamos con los fisioterapeutas, o jugando con los "niños", o cocinando, y por la tarde montábamos un aula para que dibujaran o jugaran los que podían, también cnatábamos, les dábamos de comer, les limpiábamos... de todo un poco.Bookmark and Share

Archivo

Seguirme por email