Anabel Lasheras Meavilla, que forma parte del patronato de las fundaciones Mujeres Felices y Castillo de Loarre, desarrolla la RSC del Grupo Mémora en Aragón.

Profesora de educación especial, realiza desde 1992 una intensa actividad en la puesta en valor del medio rural. Senadora por Huesca y Portavoz de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales en la VII Legislatura, dirigió la asociación AFAMMER en Aragón durante 15 años. De 2008 a 2011 fue Directora General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad, en el Gobierno de Aragón. En 2012 puso en marcha la Fundación Paraíso. Es una gran defensora de los derechos de la mujer. Ha presidido desde 2005 a 2015 la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre. Ha sido también Consejera General de IberCaja en representación de la Comunidad Autónoma de Aragón.

5 dic. 2009

¿SU PEOR ENEMIGO O SU MAYOR ACTIVO?

Un artículo del viernes en El Economista, de Jack Welch

   Siempre he sido un gran defensor de la sinceridad, y he hablado de ella ante audiencias de General Electric (GE) durante más de 20 años. Pero desde que me jubilé de GE, me he percatado de que subestimé su escasez. Diría que la falta de sinceridad es el secreto oscuro más grande de los negocios. La falta de sinceridad bloquea las ideas inteligentes, la acción rápida y la plena participación de los empleados. Cuando se tiene esta cualidad -y nunca la tendrá completamente, téngalo en cuenta- todo opera más rápidamente y mejor.
   Falta de sinceridad no quiere decir deshonestidad dolosa. Significa que demasiada gente, en muchas ocasiones, no se expresa honestamente. Retienen críticas para evitar conflictos y endulzan las malas noticias para mantener las apariencias. Esta falta de sinceridad es dañina, aunque cala en casi todos los aspectos de los negocios, en casi todos los niveles. He escuchado a empleados de cientos de empresas describir la completa ausencia de sinceridad que experimentan en todo tipo de reuniones, desde revisiones de presupuestos y productos, hasta sesiones de estrategias.
   La gente habla de burocracia, politiqueo y falsa amabilidad carentes de la semilla de la franqueza. Preguntan cómo pueden hacer que sus empresas se conviertan en lugares donde la gente comparta sus opiniones y debata ideas desde todos los ángulos. Olvídese de la comunicación externa. Algunas veces, su peor enemigo es la forma en que usted se comunica internamente.
   El efecto sinceridad. La sinceridad lleva a ser exitoso en tres formas:
1. La sinceridad hace que más gente se una a la conversación. Cuando más gente participa en la conversación, surgen más ideas que son discutidas, disecadas y mejoradas. En lugar de que todo el mundo guarde silencio, todos se abren y aprenden.
2. La sinceridad genera rapidez. Las ideas compartidas abiertamente pueden debatirse más rápidamente, ser mejoradas y puestas en acción. Esta postura no sólo es una ventaja; es una necesidad en un mercado global. Puede estar seguro de que toda empresa recién creada en las calles de Shanghai, integrada por cinco personas, puede moverse más rápido que usted, pero la sinceridad le permite emparejarse.
3. La sinceridad reduce costos. Aunque nunca le podrá poner un precio exacto, la sinceridad elimina reuniones e informes innecesarios que confirman lo que todo el mundo ya sabe. La sinceridad reemplaza las vistosas powerpoint y las presentaciones que aturden la mente, sin importar si tratan de la estrategia de la empresa, la introducción de un nuevo producto o el desempeño de alguien.
   Junte todos sus beneficios y eficiencias y notará que no puede darse el lujo de carecer de sinceridad.
   Es factible. Aun cuando la sinceridad es vital para tener éxito, es difícil para cualquier grupo -sin importar su tamaño- luchar contra comportamientos organizativos atrincherados. En GE nos llevó cerca de 10 años instalarla, y de ninguna manera fue algo universal aun después de 20 años.
   No obstante, es factible. Para alcanzarla, hay que recompensarla, alabarla y discutirla. Reconozca a la gente que la practica. Sobre todo, demuéstrela usted mismo, aun cuando no sea el jefe.
   Imagínese en una reunión donde el tema es el desempeño de una unidad. Los gerentes, satisfechos con su trabajo, hablan de crecimiento de dos dígitos y despliegan proyección tras proyección mostrando su éxito. La alta gerencia asiente en señal de aprobación, pero usted sabe que el departamento puede mejorar. Para agravar las cosas, la gente que hace la presentación son sus compañeros, y se entiende que si usted no los critica, ellos no lo criticarán a usted.
   La única salida que conozco -y la única forma de introducir sinceridad- es entrometerse de forma no amenazante:
   "¡Qué buen trabajo! Es la mejor unidad que tenemos. ¿Por qué no le destinamos más recursos y vamos más lejos? Con el excelente equipo que han conjuntado debe haber 10 adquisiciones listas para ustedes. ¿Han buscado globalmente?"
    Estos cuestionamientos, y otros similares, pueden hacer que la reunión deje de ser un desfile autocomplaciente y se convierta en una sesión de trabajo estimulante. Es muy simple: la sinceridad funciona porque desobstruye.
    Sí, la sinceridad puede ir en contra de la naturaleza humana. También lo es levantarse a las cinco de la mañana para tomar el tren de las 6.10 todos los días, o almorzar frente a su escritorio para no perderse una junta importante. Pero, por el bien de su equipo u organización, hace muchas cosas que no son fáciles. Lo bueno de la sinceridad es que, definitivamente, vale la pena.
    Es imposible imaginarse un mundo donde todos se pasen todo el tiempo diciendo lo que piensan. Y, probablemente, usted no quiera eso, ¡demasiada información! Pero, incluso si llegamos a la mitad de eso, la ausencia de sinceridad ya no será el secreto oscuro más grande de los negocios. Será el cambio más grande para el bien de los negocios.

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