Anabel Lasheras Meavilla, preside desde 2005 la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre. Es Consejera General de IberCaja en representación de la Comunidad Autónoma y tiene despacho profesional en Zaragoza.

Anabel, profesora de educación especial, viene ejerciendo desde hace años una intensa actividad pública en defensa del desarrollo sostenible y por la puesta en valor del medio rural. Senadora por Huesca y Portavoz de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales en la VII Legislatura, dirigió la asociación AFAMMER en Aragón durante quince años. Hasta julio 2011 ha sido Directora General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad del Departamento de Medio Ambiente, Gobierno de Aragón. Es una gran defensora de los derechos de la mujer del medio rural.


martes 29 de septiembre de 2009

EL VALOR DEL DEBATE

A menudo, el pluralismo se expresa, sobre todo, en la diferente importancia que unos y otros asignamos a los problemas que afectan a nuestra sociedad y, por tanto, discrepamos en la distribución del presupuesto y de los esfuerzos que hayan de invertirse en su solución.

El ecologista considera prioritario el cuidado del medioambiente, otros el autogobierno y el socialista la iniciativa estatal y la redistribución de la riqueza. Como los recursos son limitados y las cuestiones complejas, resulta imprescindible establecer prioridades entre los objetivos a los que de hecho se va a prestar atención. A veces estas preferencias no son del todo racionales y por eso se resuelven mediante votación. Se votan aquellos asuntos en los que no resulta posible llegar al entendimiento racional o en los que no merece la pena invertir más tiempo en su estudio y deliberación. La votación es el método para dirimir el desacuerdo, pero en los asuntos realmente vitales para un país es deseable siempre llegar al acuerdo, al genuino entendimiento racional.

El miedo a la racionalidad, a la discusión abierta, sincera, que busca soluciones, es una de las fuentes del totalitarismo. “El debate -escribía Hannah Arendt- constituye la esencia misma de la vida política”. Donde no hay debate público no hay libertad ni hay entendimiento racional: ese es su formidable valor.

Familia Lucena-Ximénez Varona

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